La Vieja Sirena: Un viaje al sentido de la mortalidad.
José Luis Sampedro, un autor de maduración lenta que comenzó su andadura literaria a los 22 años, dedicó una década de investigación para dar vida a este poema épico en prosa.
Ambientada en el fascinante siglo III, la novela nos traslada a una Alejandría cosmopolita y a la mística Palmira, escenarios de un mundo antiguo que se desmorona ante la llegada de dogmas más rígidos. En este contexto de cambio, la protagonista, Glauka, emerge no sólo como un mito, sino como la encarnación del eterno femenino y de una sabiduría pagana que funde el espíritu con la piel.
La trama late con la decisión trascendental de Glauka: renunciar a su inmortalidad de sirena para «sentirse de verdad». Al abrazar la condición humana, su percepción se transforma radicalmente; hasta los colores con los que ve el mundo cambian, volviéndose más vívidos y vibrantes. Sampedro utiliza este tránsito para recordarnos que el tiempo no es oro, sino vida, y que nuestra existencia solo adquiere un valor real gracias a su finitud. Es una defensa apasionada de la vulnerabilidad, donde las arrugas y los miedos son más gloriosos que la fría perfección de una deidad o una sirena eterna.
Este camino hacia lo humano se explora a través de una sexualidad panerótica y libre, ajena a las etiquetas modernas. Glauka experimenta la plenitud del deseo tanto en la fuerza telúrica de Ahram y la sensibilidad de Krito.
«Lo sagrado no está fuera de nosotros, sino en el latido de la propia sangre cuando se reconoce en la piel del otro.»
Para Sampedro, el placer es una forma de conocimiento panteísta: un misticismo donde las estrellas, el mar y el sexo están conectados. En la intimidad, como en su pensamiento, Glauka desafía los dogmas emergentes, demostrando que el cuerpo y el espíritu no son enemigos.
Finalmente, la novela no esquiva la violencia cruda de una época de dieciocho siglos atrás y de imperios en conflicto, utilizándola como el contrapunto necesario para resaltar la fragilidad de la belleza.
La vieja sirena es una invitación a vivir con intensidad absoluta, aceptando que lo efímero es lo que nos hace sagrados. Como bien decía Sampedro a través de su protagonista:
«El tiempo no es oro; el tiempo es vida. El tiempo es el único capital de las personas, y el único que no se puede ahorrar.»
Sobre el autor, José Luis Sampedro
