Acogiéndome a que muchos críticos clasifican la novela como un «poema épico en prosa», elegimos este poema de José Luis Sampedro:
El despertar de Glauka
«No soy ya la que fui en el abismo, ni la que habitaba el silencio de la isla. Soy esta carne que vibra, este pulso que el tiempo ahora devora.
He cambiado el oro de la eternidad por el cobre de una tarde de sol sobre la arena. He dejado de ser deidad para ser herida, porque solo en la herida entra la luz.
Ahora los colores me queman, ahora el amor me duele, ahora, por fin, estoy viva.»
