Sobre José Luis Sampedro

José Luis Sampedro fue un destacado escritor, economista y humanista español.

Nació en Barcelona el 1 de febrero de 1917 y murió en Madrid el 8 de abril de 2013, a los 96 años.

Fue catedrático de Estructura Económica en la Universidad Complutense de Madrid, senador por designación real en las Cortes Constituyentes y miembro de la RAE en 1990.

Los premios que recibió fueron el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2011 y la Orden de las Artes y las Letras de España en 2010.

(Pero… En vez de seguir detallando su formación y carrera, me gustaría mencionar los datos que he encontrado más curiosos sobre él)

  1. No decía que había nacido en España, sino en el Mediterráneo, debido a que vivió sus primeros 13 años en Tánger (Marruecos), una ciudad cosmopolita donde convivían musulmanes, cristianos y judíos. Él atribuía su tolerancia y su mentalidad abierta a esa infancia multicultural.
  2. Aunque escribía desde los años 30, el éxito masivo y comercial no le llegó hasta que cumplió 68 años con la publicación de La sonrisa etrusca (1985). Esto lo convirtió en un ejemplo de que la creatividad y el éxito no tienen edad.
  3. Tras doce años de viudez, el destino sorprendió a Sampedro a los 81 años en el balneario donde solía refugiarse para escribir. Allí conoció a la escritora Olga Lucas, de 51 años, quien se convirtió en su compañera de vida y letras. Él siempre celebró aquel encuentro casual como una ‘segunda vida’ regalada por el destino.
  4. A pesar de ser una autoridad en economía, vivía de forma muy sencilla. Una de sus frases más célebres era: «Nos educan para ser productores y consumidores, no para ser hombres libres». Criticaba que se midiera el éxito de un país por el PIB y no por la felicidad de sus ciudadanos.
  5. A los 94 años, se convirtió en el «abuelo» espiritual del 15-M. Palabras textuales: «Me siento como si me hubieran inyectado sangre nueva. Ver que la gente despierta es el mejor regalo que me pueden hacer antes de morir».
  6. Una muerte que parecía haber predecido porque esa misma mañana desayunó su granizado de café favorito y dijo sus últimas palabras: «Me voy a descansar».

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